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11.2: Lo que los programas pueden hacer para ser inclusivos con todos los niños

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  • La mayoría de los niños identificados por los profesionales de la educación especial como discapacitados tienen problemas de aprendizaje y comunicación (más del 70% de los niños desde el nacimiento hasta los 14 años). Lo que resulta más importante es que las discapacidades de aprendizaje a veces no se reconocen o identifican hasta que los niños comienzan la educación escolar. Los niños que aprenden de manera diferente o tienen retrasos en el lenguaje comúnmente manifiestan necesidades especiales a través de su comportamiento en ambientes de grupo. Los educadores de la primera infancia pueden proporcionar un entorno lleno de lenguaje y hacer adaptaciones basadas de acuerdo con el conocimiento que se tenga de cada niño.

    Existen menos niños con discapacidades más significativas, como las discapacidades intelectuales (antes denominadas retraso mental), los impedimentos físicos y de movilidad o las discapacidades múltiples. Cuando los niños tienen discapacidades significativas, es probable que tengan que recibir cuidados especializados que puedan apoyar el desempeño en un entorno de cuidado infantil. Los niños que reúnen los requisitos para recibir servicios de intervención temprana o de educación especial y que los reciben tienen planes individuales con objetivos y estrategias que pueden ser utilizados por los cuidadores y los centros de atención. En el caso de los niños menores de tres años, los planes se denominan planes de servicios familiares individualizados (PSFI); en el caso de los niños mayores de tres años, los planes se denominan programas de educación individualizada (PEI). Los educadores de infancia temprana pueden ser miembros importantes de un equipo de PSFI o PEI cuando los planes se desarrollan.

    Aprender sobre los niños a nivel individual

    La información sobre una discapacidad específica puede dar a un educador de la infancia temprana ideas sobre cómo ayudar a un niño. Sin embargo, cuando se atiende a un niño en particular, el educador debe centrarse en las necesidades del niño, no en la discapacidad o su etiqueta. Por ejemplo, un niño con parálisis cerebral puede caminar con aparatos ortopédicos en las piernas, usar una silla de ruedas, tener problemas físicos menores o demostrar un retraso en el lenguaje. Las posibles diferencias dentro de esta etiqueta son enormes, lo que demuestra que ni la clasificación ni el diagnóstico por sí solos pueden proporcionar suficiente información sobre un niño en particular. Los educadores de infancia temprana necesitan aprender más allá de la definición de un libro de texto y hacer preguntas con tacto y comprensión, especialmente cuando conversen con los padres.

    Los educadores de la primera infancia pueden contribuir mucho a establecer un buen ambiente de bienvenida y comprensión. Cuando un miembro de la familia comparte el diagnóstico de un niño, una buena pregunta de control suele ser "¿Y cómo afecta eso al desarrollo de ____________?" Este enfoque puede ayudar a asegurar a un miembro de la familia que el cuidador del niño está sinceramente preocupado por el bienestar del niño y que está interesado en proporcionarle un cuidado apropiado e individualizado. La respuesta del padre o la madre ayudará al centro de cuidado infantil a determinar qué adaptaciones podrían ser necesarias, qué otras preguntas pueden ser apropiadas para hacer y si se necesitan o si habrá especialistas que se involucren.

    Promover actividades inclusivas

    Aunque los niños con discapacidad no estén actualmente en un programa de educación de la primera infancia, los educadores pueden seguir promoviendo prácticas inclusivas. Una forma es tener fotos, libros y materiales que presenten a los niños con discapacidades en un entorno común. La forma en que las personas se parecen y se diferencian surge naturalmente en un entorno de educación de la primera infancia; un educador puede aprovechar estas oportunidades para hablar de ellas. El uso del lenguaje también es fundamental para desarrollar un ambiente de inclusión. La mejor práctica consiste en utilizar un lenguaje de "primero la persona" cuando se habla de las personas con discapacidades. Esta práctica significa simplemente anteponer la persona a la discapacidad: "un niño con un trastorno del espectro autista" en lugar de "un niño autista".

    El proceso de explorar la inclusión con las familias, los colegas y los niños propondrá otras formas de ampliar las prácticas de inclusión. Por ejemplo, planificar las conversaciones del personal sobre cambios específicos en la filosofía, las actitudes y las prácticas contribuye en gran medida a incluir a los niños con necesidades especiales en un entorno de cuidado infantil. Aparte del entorno inmediato del programa de educación infantil, los adultos con discapacidades que forman parte de una comunidad pueden contribuir a que un centro de cuidados amplíe sus conocimientos sobre cuestiones relacionadas específicamente con la inclusión y las discapacidades en general.

    Inclusión exitosa de niños con necesidades especiales

    Así como cada niño es único, también lo es cada programa de educación infantil. No hay una fórmula mágica para hacer que la inclusión funcione más que con la creatividad, la energía y el interés que la mayoría de los educadores de la infancia temprana ya aportan a su trabajo. A pesar de su singularidad, cada programa es capaz de incluir con éxito a niños con discapacidades. Y que cada uno hace que funcione en cada niño, día a día. Una actitud de "puedo hacerlo" entre los educadores ayuda a proporcionar la energía necesaria para encontrar soluciones a los desafíos ineludibles. También ayuda a tener una actitud entusiasta sobre cómo hacer que la inclusión funcione en lugar de simplemente cumplir con una obligación legal.

    Algunos niños necesitan que tengan pequeños cambios en el plan de estudios o leves ayudas para poder sacar el máximo provecho de ciertas actividades. Este tipo de cosas pueden consistir en adaptaciones simples, como proporcionar un lugar especial o una actividad tranquila para un niño que no puede participar en actividades de grupos grandes o poner a su disposición un refrigerio especial para un niño que necesita comer con más frecuencia que el horario habitual de comidas o refrigerios.

    A boy with no hands is grasping a cup with his arms and pouring food onto his plate
    Figura 11.2: Las necesidades individuales de los niños les ayudarán a decidir qué adaptaciones necesitan hacer. [148]

    Otros niños pueden requerir adaptaciones más específicas que no son fácilmente visibles. Existe una variedad de recursos comunitarios que pueden ser útiles para determinar cuáles podrían resultar. La familia, por ejemplo, es siempre la primera y más importante guía de un niño; después de eso, puede ser un especialista de la zona o un centro de capacitación local. Más allá de la comunidad inmediata, un mundo de libros, publicaciones periódicas y sitios en internet son dedicados a las discapacidades y la inclusión lo cual puede informar a un educador de la primera infancia acerca de las adaptaciones apropiadas para un niño con una condición o necesidad particular.

    Los programas que comienzan con una base de buena calidad y adecuada al desarrollo, una actitud positiva de parte del cuidador, una proporción adecuada entre adultos y niños, administradores de apoyo y una capacitación apropiada para el cuidador estarán listos para atender creativamente los problemas de un niño con discapacidades u otras necesidades especiales, exactamente como lo hace con los niños que se desarrollan comúnmente. Si un niño ya tiene un diagnóstico, puede disponerse de personal de intervención capacitado para ayudar en este proceso. Una de las funciones más importantes de un centro de cuidados es facilitar un sentido de pertenencia e inclusión. A continuación, se presentan varias estrategias que son de gran ayuda:

    • Adopta la idea de que todos los niños son capaces.
    • Adaptar el entorno de manera que sea apropiado para el desarrollo, aunque parezca un desafío, y que se ajuste a las necesidades e intereses de cada niño.
    • Aunque puede ser necesario apoyar el desarrollo de una habilidad específica por parte del niño, se debe tomar en cuenta al niño en su totalidad, en particular su experiencia socioemocional.

    Debemos considerar las siguientes preguntas cuando adaptemos una actividad para un niño con necesidades especiales:

    • ¿Tiene el niño la oportunidad de controlar la experiencia de aprendizaje?
    • ¿Existe un equilibrio entre el aprendizaje iniciado por el adulto y el aprendizaje iniciado por el niño?
    • ¿Puede el niño tomar decisiones mientras aprende una habilidad?
    • ¿Puede el niño ser capaz de iniciar por su propio esfuerzo las prácticas para ganar una habilidad, con el apoyo del centro de cuidados infantiles?
    • ¿Está el niño ganando confianza en sí mismo y se alegra por sus logros mientras aprende?
    • ¿Existe espacio en la actividad para que el niño pueda descubrir nuevas cosas?

    Colaboración para la inclusión

    Para cumplir eficazmente las necesidades de los niños con diferentes capacidades y características de aprendizaje, los educadores de la primera infancia tal vez deban ampliar la forma en que llegan a las familias y se relacionan con los especialistas. Estos dos grupos de personas tienen información importante que compartir y pueden servir como recursos para apoyar a los niños en un programa. Sus sugerencias contribuyen a mejorar invariablemente los esfuerzos de inclusión. Los propios especialistas incluso pueden visitar un centro de atención y ofrecer alguna orientación en el lugar.

    Teachers sitting around a coffee table, discussing something and taking notes.
    Figura 11.3: La colaboración ofrece un valioso apoyo y conocimiento. [149]

    Proporcionar una educación inclusiva en la primera infancia no significa que un maestro, o incluso un grupo de maestros, tengan que hacer el trabajo solos. Todos tienen un papel que desempeñar. El papel principal de un educador de la primera infancia es fomentar y apoyar el desarrollo del niño de una manera cariñosa y cuidadosa. Las asociaciones formadas con otros adultos que cuidan del niño -los padres, los centros o los especialistas- pueden complementar los esfuerzos de todos los interesados, sobre todo cuando todos se concentran en un punto en concreto. Cuando se combinan los esfuerzos de todos, se desarrollan ideas y surgen estrategias que son mejores que las que una sola persona podría haber desarrollado por sí sola. El resultado es la muestra de una verdadera colaboración.

    Para que la cooperación tenga éxito, los siguientes factores son importantes:

    • Respetar la experiencia y conocimiento de la familia con el niño. Son el primer y mejor recurso por eso deben incluirse en la planificación y ejecución del cuidado de su hijo.
    • Comunicación clara y regular, tanto en las reuniones informales como en las planificadas.
    • Reservar tiempo para la colaboración, reconociendo que es probable no todos cuenten con el tiempo necesario.
    • Todos deben aportar y tener una participación.
    • Esforzarse por colaborar para que se pueda proporcionar las evaluaciones y los servicios de apoyo apropiados para el niño.

    Encontraran más información sobre la identificación de niños con necesidades especiales y la prestación de cuidados inclusivos en la publicación (Inclusion Works) del Departamento de Educación de California.