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4.3: Socialización y género

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    50041
  • Las secciones anteriores identificaron varios agentes de las socializaciones, incluyendo la familia, los compañeros, los colegios, los medios de comunicación y la religión. Mientras el análisis de este capítulo se enfocó en el impacto de estos agentes en la socialización de manera general, también existe mucha evidencia de su impacto en la socialización de género-función. Tal socialización ayuda a los niños y a las niñas a desarrollar su identidad de género.

    La familia

    La socialización en las funciones del género empieza durante la infancia, desde casi el momento en el cual los padres biológicos empiezan a socializar a sus hijos como niños o niñas sin siquiera darse cuenta (Begley, 2009; Eliot, 2009). Muchos estudios documentaron este proceso (Lindsey, 2011). Los padres usualmente describen a su hija infante como linda, suave y delicada y su hijo infante como fuerte, activo y alerta, aunque los observadores neutrales no hallan ninguna diferencia de género entre los infantes cuando no saben el sexo del infante. Desde la infancia, los padres juegan e interactúan con sus hijos e hijas de diferentes maneras. Juegan de manera más torpe con sus hijos, por ejemplo, lanzándoles hacia arriba o luchando con ellos, pero juegan con más cuidado con sus hijas. Cuando sus niñas infantes o pequeñas lloran, las consuelan con ternura, pero tienden a dejar que sus hijos lloren por más tiempo y a consolarlos menos. A sus hijas les dan muñecas para jugar y a sus hijos les dan “figuras de acción” y pistolas de juguete. Aunque estas diferencias de género en socialización probablemente sean más pequeñas que hace una generación, ciertamente siguen existiendo. Si entra a una tienda grande de juguetes, vera pasillos rosados de muñecas y juegos de cocina y pasillos azules de figuras de acción, pistolas de juguete y cosas parecidas.

    Los compañeros

    Las influencias de los compañeros también promueven la socialización de género. Al llegar a la edad de ir al colegio, los niños empiezan a jugar diferentes clases de juegos basados en su género (Vea la casilla de “La Sociología Hace la Diferencia”.) Los niños tienden a jugar a deportes y otros juegos competitivos en equipo caracterizados por reglas inflexibles y relativamente grandes cantidades de papeles, mientras las niñas tienden a jugar a juegos más pequeños y cooperativos como la rayuela o saltar a la cuerda con menos reglas que son más flexibles. Aunque las niñas están mucho más involucradas en deportes hoy en día que hace una generación, estas diferencias de género en su forma de jugar como niñas persisten y siguen reforzando los papeles de género. Por ejemplo, promueven la competitividad en los niños y la cooperación y confianza entre las niñas. Los niños que no son competitivos corren el riesgo de que les digan “marica” u otras palabras. Por lo tanto, los patrones de comportamiento que se ven en adultos ya sean varones o mujeres tienen su raíz en su forma de jugar como niños. (King, Miles, & Kniska, 1991).

    Diferencia de género en los juegos para niños

    Considerando el debate, analizado en el texto, entre biología y sociología sobre los orígenes de las funciones de género, algunos extensos estudios citados por sociólogos sobre la diferencia de género en los juegos para niños dan importante evidencia para la socialización.

    Janet Lever (1978) estudió niños de quinto grado en tres diferentes comunidades en Connecticut. Ella los miraba jugar e interactuar en la escuela y también hizo que los niños tuvieran un diario de sus juegos afuera del colegio. Uno de sus objetivos principales era determinar cuan complejo eran los juegos de los dos sexos en términos de los factores como las reglas, las funciones especializadas, y el tamaño del grupo que jugaba. En todos estos respectos, Lever encontró que los juegos de los niños eran más complejos comparados con los de las niñas. Ella atribuye estas diferencias a la socialización por los padres, maestros, y otros adultos y argumentaba que la complejidad de los juegos de los niños les ayudaba a poder aprender de mejor manera las importantes habilidades sociales como el tratar con reglas y coordinar acciones para alcanzar metas en comparación con las niñas.

    Mientras tanto, Barrie Thorne (1993) pasó muchos meses en dos diferentes comunidades de clase trabajadora en California y Michigan observando estudiantes de cuarto y quinto básico sentarse en clase y cafeterías y jugar en los parques infantiles de la escuela. La mayoría de los estudiantes eran blancos, pero muchos eran Afroamericanos o Latinos. Como se espera, los niños y las niñas que ella observaba usualmente jugaban separados los unos de los otros, y el grupo de un mismo sexo en los que jugaban era muy importante en el desarrollo de su identidad de género, los niños tendiendo a jugar en equipos deportivos y otros juegos competitivos y las niñas tendiendo a jugar juegos cooperativos como saltar la cuerda. Estas diferencias llevaron a Thorne a concluir que la socialización de la función de genero proviene no solo de las prácticas de los adultos, sino también de las propias actividades de los niños y niñas sin que los adultos participen. Cuando los niños y las niñas interactuaban, era normalmente para “niñas contra niños” y viceversa en concursos de deletreo en el aula y en juegos como “las traes”. Thorne concluyó que estos concursos de “nosotros contra ellos/ellas” ayudaban a los niños a aprender que los varones y las mujeres son dos diferentes géneros y sexos antagonistas y que el género en si es antagónico, aun si hubiera momentos en los cuales ambos sexos interactuaran en el patio de juego en una manera más relajada y no competitiva. Los niños tenían la tendencia a interrumpir en los juegos de las niñas más que viceversa y de este modo ambos ejercían y aprendían el dominio sobre el sexo femenino. En todas estas maneras, los niños y las niñas no eran solo recipientes pasivos de la socialización de la función de genero de adultos (sus maestros), sino que también ellos jugaban un rol activo asegurando que tal socialización tomara lugar.

    Los estudios por Lever y Thorne estuvieron entre los primeros en enfatizar la importancia de los juegos de los niños y las niñas y la relación del compañerismo para la socialización del género. También destacaron la importancia de las cualidades y los valores aprendidos de dicha socialización para los resultados futuros. El ascenso de oportunidades en equipos deportivos para niñas en los años desde que Lever y Thorne hicieron sus estudios es un avance positivo que aborda las preocupaciones expresadas en sus estudios, pero los niños pequeños continúan jugando de las maneras en las cuales Lever y Thorne lo determinaron. En la medida en que los juegos de niños tienen las consecuencias ya mencionadas, y en la medida en que estas consecuencias impiden plena igualdad de género, estos estudios sociológicos sugieren que los maestros, los padres y otros adultos necesitan ayudar a organizar los juegos de niños para que sean más igualitarios siguiendo las líneas establecidas por Lever, Thorne y otros académicos. De este modo, su trabajo sociológico ayudó a lograr un cambio que sigue en proceso.

    Las escuelas

    La escuela es otro agente de socialización de genero (Klein, 2007). Primero que nada, los patios de juegos proveen un sitio para las actividades de juegos que están genero–enlazadas, las cuales ya se mencionaron. Segundo, y tal vez más importante, los maestros de todos los niveles tratan de diferente manera muy sutil a sus estudiantes varones y mujeres en modos que ellos probablemente no estén conscientes. Tienden a llamar a los niños con más frecuencia para responder preguntas en clase y darles elogios cuando responden correctamente. También dan a los niños más retroalimentación sobre sus deberes y otras tareas escolares (Sadker & Sadker, 1994) En todos los niveles, muchos textos y otros libros retratan a la gente en maneras estereotípicas. Es cierto que los libros más modernos contienen menos material de este tipo que los libros más antiguos, pero aun así los nuevos libros contienen algo de estereotipo, y los libros antiguos aún se usan en muchas escuelas, especialmente aquellos que no pueden comprar volúmenes nuevos.

    Medios masivos de comunicación

    El socialismo de genero también ocurre a través de los medios masivos de comunicación (Dow & Wood, 2006). En los programas de televisión para niños, la mayoría de los personajes son masculinos. En Nickelodeon, por ejemplo, el programa muy popular Bob esponja pantalones cuadrados es masculino, como lo es su mascota, Gary; su mejor amigo, Patricio Estrella; su vecino, Calamardo tentáculos; y el jefe de Bob esponja, Señor Cangrejo. De los personajes principales en el fondo de Bikini, solo Arenita Mejillas es femenina.

    Glamour/Fashion Retouching by Tucia
    Figura 4.2: Una revista para mujeres refuerza la creencia de que las mujeres tienen que ser delgadas y ponerse maquillaje para que se las considere bonitas.[1]

    En cuanto a la televisión para adultos, más hombres que mujeres continúan rellenando más funciones importantes en shows semanales, a pesar de las funciones notables que tuvieron las mujeres como en “The Good Wife” y “Grey´s anatomy”. Las mujeres son frecuentemente mostradas como no inteligentes o como personas frívolas que están ahí más por la manera en cómo se ven que por otra cosa. La televisión comercial enfatiza dicha imagen (Yoder, Christopher, & Holmes, 2008).

    La abundante publicidad cosmética, sugiere que no solo el principal deber de una mujer es que se vea bien sino también que su sentido de autovalor provenga de una buena apariencia. Otros comerciales muestran a las mujeres eufóricas por conseguir un piso limpio o ropa bien lavada. Por lo tanto, a juzgar del mundo de la televisión comercial, los objetivos de las mujeres en la vida es que sean bonitas y tengan una casa limpia. Al mismo tiempo, los objetivos primordiales de los hombres, a juzgar de los comerciales, es de beber cerveza y manejar autos.

    Las revistas de hombres y mujeres refuerzan las imágenes de los géneros (Milillo, 2008). La mayoría de las revistas que son dirigidas a mujeres adolescentes y adultos jóvenes están repletas de imágenes de modelos delgadas y hermosas, sugerencias de dietas, comerciales cosméticos, y artículos de cómo ganar y satisfacer a su hombre. Por el contrario, las revistas dirigidas a varones adolescentes y adultos están llenas de artículos de autos y deportes, sugerencias de cómo ser exitoso en sus carreras y otros esfuerzos, y fotos de mujeres delgadas, y hermosas (y a veces desnudas). Estas imágenes que dan las revistas sugieren que los objetivos de las mujeres son verse bien y satisfacer a sus hombres y que los objetivos de los hombres son de ser exitosos, tener mujeres, y vivir en la vía rápida.

    La religión

    Otro agente del socialismo, la religión, contribuye a más estereotipos tradicionales de género. Muchas interpretaciones tradicionales de la Biblia conceden el mensaje de que las mujeres son para servir a los hombres (Tanenbaum, 2009). Este mensaje empieza en Genesis, donde el primer ser humano es Adán, y Eva fue creada de una de sus costillas. Las mayores figuras en el resto de la Biblia son hombres, las mujeres por su mayor parte son representadas como esposas, madres, tentadoras, y prostitutas; ellas son elogiadas por sus papeles de esposas y madres y condenadas por sus otras funciones. De manera general, las mujeres son constantemente representadas como posesiones de los hombres. Los diez mandamientos incluían la esposa del vecino con su casa, buey, y otros objetos como cosas que no debían ser codiciadas (Éxodo 20:17), y muchos pasajes bíblicos explícitamente dicen que las mujeres les pertenecen a los hombres, así como esta en el nuevo testamento:

    Esposas estén en sujeción a sus esposos, como al señor. Porque el esposo es cabeza de la esposa, así como el cristo es cabeza de la congregación. Como la congregación está sujeta al Cristo, también las esposas deben estar sujetas en todo a sus esposos. (Efesios 5:22-24)

    Muchos pasajes en el antiguo testamento justifican la violación y el asesinato de las mujeres y niñas. El Koran, el libro sagrado del islam también contiene pasajes acertando la función secundaria de las mujeres (Mayer, 2009).

    Este análisis sugiere que las personas religiosas deberían creer en el punto de vista de genero tradicional mucho más que las personas menos religiosas, y el estudio confirma esta relación (Morgan 1988). Para ilustrarlo, la figura debajo muestra la relación en la Encuesta General Social entre la frecuencia de la oración y la idea de que “Es mucho mejor para todos los participantes si el hombre es el triunfador afuera de casa y la mujer tiene que cuidar de la familia y el hogar.” Es muy probable que las personas que oran con más frecuencia acepten este modo tradicional de ver las funciones de género.

    Figura 4.3: Porcentaje receptivo de que "es mucho mejor para todos los participantes si el hombre es el que realiza el trabajo fuera del hogar y la mujer cuida la casa y la familia".[2]

    [1] Imagen por Photo Editing Services Tucia.com licencia bajo CC BY 2.0

    [2] Data from General Social Survey, 2008.