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1.8: Indecir Eros- Andrógino Fracturado

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    Figura 1. Elliot R. Wolfson, Andrógino fracturado, 2006. © Elliot R. Wolfson.

    Si La Rosa puede ser vista como una encarnación simbólica de la complementariedad corpórea —una coincidencia opositorum que se fusiona en una compleja expresión pictórica— entonces la androginia de la pintura puede ubicarse en el ambiguo eros de su propio indicho. Un cuadro un poco posterior, Fracturado Androgyne (2006), reproduce y revierte estos temas en otra instancia de doble reflejo simbólico, uno que puede verse como un indicio de eros.

    De entrada, es útil proporcionar algunos breves antecedentes sobre el concepto de andrógino. Al igual que el ángel, el andrógino es una construcción cultural e históricamente específica, aun cuando esta figura representa un motivo recurrent—aunque decididamente inestable— en mitos antiguos, fuentes clásicas y obras de arte modernas. Como observo en mi estudio Curating Consciousness: Mysticism and the Modern Museum, “El Oxford English Dictionary señala que la palabra deriva del griego andros, o 'hombre, 'y gune, o' mujer '. Tomados en conjunto, el término unido significa 'macho y hembra en uno', y así, 'un ser que une las características físicas de ambos sexos; un hermafrodita'. 1... La entrada ampliada sobre 'Andrógines' que aparece en la Enciclopedia de la Religión señala que, en 'la imagen visual, los andróginos pueden ser horizontales (con pechos arriba y un falo abajo) ', como se encuentra a menudo en las imágenes tipológicas hindúes del andrógino Shiva/Shakti, o 'más a menudo, vertical (con uno lado, generalmente el izquierdo, con un pecho y la mitad de una vagina, y el otro lado con la mitad de un falo) ', como en las tipologías morfológicas que se repiten en textos alquímicos. Continúa la entrada: 'Los andróginos pueden considerarse como... simbólicamente exitosos, cuando la imagen presenta una fusión convincente de las dos polaridades... es decir, cuando [no] es una mera yuxtaposición de opuestos [sino] una verdadera fusión'. 2

    “Quizás lo más significativo es que la figura del andrógino es central para los relatos bíblicos del primer ser humano. Según el Libro del Génesis, al sexto día de la creación, 'Así creó Dios al hombre a su imagen [propia], a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los crearon” (Génesis 1:27). 3 Así, la imagen bíblica del ser humano original —el esquema antropomórfico inicial de Adán— representa una tipología figurada del dimorfismo de género en la que la hembra está contenida dentro del macho. 4 Más allá de los textos del Antiguo Testamento, los andróginos aparecen en fuentes clásicas como encarnaciones cósmicas de la dualidad y la unión de los sexos. En el Simposio de Platón, por ejemplo, el andrógino se caracteriza como un 'tercer sexo' incorporando una unión de hombre y mujer, un 'ser cuya doble naturaleza' se imagina como unida en un cuerpo circular. Estas criaturas míticas fueron posteriormente seccionadas por los dioses y divididas en dos partes, estableciendo así el antiguo deseo de 'reunir nuestra naturaleza original, hacer una de dos, y sanar el estado del hombre'. 5 Tanto en los relatos clásicos como en los modernos, el andrógino aparece de diversas maneras como una figura mística de plenitud y fragmentación, de sacralidad y transgresión, cuyos procesos metamórficos de separación y reintegración marcan los límites fracturados y los entretejidos límites de la humanidad misma. 6 A lo largo de sus diversas encarnaciones, el andrógino ejemplifica así estados extraordinarios de ser que engendran un sentido ambivalente de diferencia dentro y más allá de la diferencia”.

    Las complejas distinciones entre la yuxtaposición y la fusión arrojan valiosa luz sobre las diversas formulaciones creativas del andrógino de Wolfson. Dentro de su erudición textual, Wolfson ha presentado extensas discusiones sobre el concepto en fuentes cabalísticas. En Lenguaje, Eros, Ser, relata el comentario del cabalista de principios del siglo XIV Isaac de Acre, quien instruyó a sus lectores a “Contemplar cómo Adán primigenio fue creado de dos caras, cuello opuesto al cuello, igual en poder y uno en la actualidad. Después 'tomó una de sus costillas” (Gen. 2:21) de su lado, es decir, una de sus partes... y de una se hicieron dos, y aunque sean dos, son una, como dice, 'y serán una carna' (ibid., 24). Su atención se dirige constantemente a ella y su atención se dirige constantemente a él, y su esposa es como él mismo, 'porque éste le fue quitado al hombre' (ibid. 23), entiende esto”. 7

    Así, según el mito bíblico tal como se ve realzado en el simbolismo medieval del Zóhar, en un estado original en el jardín del Edén, Adán contenía dentro de sí la unidad de dos aspectos del ser, masculino y femenino. Como señala Wolfson, fuentes cabalísticas ven la unión del matrimonio heterosexual como un medio para restablecer este estado de integridad, “que ocasiona la restauración de lo femenino al masculino y la consiguiente reconfiguración del estado primordial de androginia en el que se erradica la diferencia de género”. 8 Además, en “la cooperación de estos dos atributos, se hace posible la realización de equilibrios porque Adán fue creado andrógino, pero la naturaleza de la androginia es decididamente masculina, pues la izquierda estaba contenida en la derecha; a causa de esa contención un atributo puede ser refractado, enfundado y fusionado en su opuesto”. 9

    Como se señaló anteriormente, al acercarse a las obras abstractas de Wolfson, los espectadores no pueden asumir un listo paralelismo cosmológico entre los dominios terrenal y celestial, los reinos superior e inferior, como se expresa en los esquemas del simbolismo kabbalístico. En efecto, las obras de Wolfson eluden cualquier correspondencia preestablecida o formulaica. Al mismo tiempo, su descripción poética del andrógino como un ser que es “refractado, enfundado y fusionado en su opuesto” proporciona un sugerente punto de partida para una discusión sobre la pintura Fracturado Andrógino. Como suele ocurrir en la obra de Wolfson, este lienzo presenta una brillante variedad de formas abstractas verdes y doradas que parecen contener múltiples presencias dentro del campo visual dinámico de la pintura. Las formas componentes de Fracturado Andrógino se leen como una forma esquiva de jeroglíficos, ya que el juego fragmentado de manchas y trazas de la imagen evoca nuevamente un lenguaje no escrito inscrito en un suave fondo dorado, uno en el que los personajes pictóricos se componen de huellas espectrales de luz floreciente, tal como en la forma de orquídea verde que parece florecer a lo largo de la esquina superior derecha del lienzo.

    Notablemente, tanto el lado izquierdo como el derecho de la composición muestran bolsas concentradas de color verde que a la vez están separadas y unidas por un paso central de blanco nacarado. Este espacio verde intermedio marca la ubicación donde el artista ha colocado visiblemente la luz en el lienzo. Unidos por un fondo dorado subyacente, las dos caras de la composición están así claramente diferenciadas, así como entablan un diálogo recíproco sostenido. En el campo central del Andrógino Fracturado, dos pinceladas caligráficas de púas evocan los gestos mutuos y agarradores de manos que no se tocan del todo, incluso cuando los contornos curvos de estas extremidades extendidas se hacen gestos continuamente uno hacia el otro. Así, en el espacio luminoso y dialógico que a la vez separa y une estas formas adyacentes, los componentes del Andrógino Fracturado están unidos por el abismo de su distancia recíproca. Paradójicamente, la pintura logra un sentido de equilibrio pictórico y temático a través de formas que continuamente se alcanzan entre sí sin tocarse del todo. A lo largo del lienzo, el campo pictórico luminoso de Fractured Androgyne se concibe así a través de la proximidad de su quebrantamiento, un estado de fragmentación interna que proporciona el apuntalamiento compositivo de la integridad formal de la obra.

    “re/pair” des/orientó al judío al filo de la hoja, desgarrando la prenda de luto brillando esta medianoche mientras el rey entra al jardín a comer de veneno en el corazón sangrando de hoja colocada debajo de lágrima en manto, enhebrado por dolor

    Al igual que Fracturado Andrógino, “re/pair” 10 entreteje conmovedoramente hebras desenredadas de integración e imposibilidad. En efecto, Wolfson ha señalado que “los poemas (y menos los cuadros) muestran mucha oscuridad y sufrimiento”. 11 Así es significativo que la pintura no se titule Andrógino, sino Andrógino Fracturado, ya que la fractura en sí es una estructura notablemente dialógica. Al igual que la morfología ambivalente del andrógino partidor y fusionado, una fractura inscribe un desgarro en el tejido del ser ya que marca una costura que nunca puede ser completamente “re/pareada”, aun cuando cuenta su equívoca historia de ruptura y unión.

    Notas al pie

    • 1 El Oxford English Dictionary, vol. 1, p. 452.
    • 2 Wendy Doniger y Mircea Eliade, “Andróginas”, en Enciclopedia de la Religión, vol. 1, p. 337. Véase también la discusión extendida de Doniger O'Flaherty sobre esta tipología en Mujeres, andróginas y otras bestias míticas (Chicago: University of Chicago Press, 1980), pp. 283-334. En este estudio, Doniger distingue el “caos negativo” asociado con la división de andróginos del “caos positivo” relacionado con la fusión de andróginos. En particular, si bien los andróginos que se dividen deben cortarse para ser creativos, los andróginos fusionados suelen consistir en un macho y una hembra creados en aislamiento que luego deben fusionarse. Significativamente, también señala que la figura del andrógino puede representar alternativamente éxtasis o barrendad, así como la tipología puede expresar simultáneamente el amor en unión o en separación.
    • 3 Un poco más tarde, en el relato de la creación de la mujer de la costilla de Adán, los lectores se encuentran con una figura que “se llamará Mujer, porque fue sacada del Hombre” (Génesis 2:23).
    • 4 Para una amplia discusión de este tropo, véase Wolfson, Language, Eros, Being, ch. 4.
    • 5 En la cuenta platónica, el andrógino ocupaba un cuerpo circular que podía caminar erguido, hacia atrás o hacia adelante, o “darse la vuelta y otra vez a gran ritmo”. Ver Platón, “El Simposio”, en Diálogos, trans. Benjamin Jowet, Grandes libros del mundo occidental (Chicago: Enciclopedia Britannica, 1955), vol. 7, p. 157.
    • 6 El andrógino es también una figura recurrente en el misticismo medieval y moderno temprano, así como en el romanticismo alemán, las imágenes simbolistas y decadentes, y obras de arte modernistas que van desde Balzac y Baudelaire hasta Brancusi y Klee. Además, como ha observado Patricia Matthews, durante el fin de siècle el andrógino sirvió como imagen predominante que “negaba la diferencia sexual: el andrógino indeseante pero deseable” cuya presencia significó un “cuerpo trascendente... [que] ofrecía una seductora promesa de plenitud imaginada y coherencia ante la experiencia descentrada e ilimitada de la modernidad”. Véase Patricia Mathews, Descontento apasionado: creatividad, género y arte simbolista francés (Chicago: University of Chicago Press, 1999), pp. 111, 114.
    • 7 Wolfson, Idioma, Eros, Ser, p. 62.
    • 8 Wolfson, Idioma, Eros, Ser, p. 166. Cabe señalar que las cuestiones de integración y reparación son complejas y polémicas. Sobre estos temas, véase especialmente Gershom Scholem, “Hacia una comprensión de la idea mesiánica en el judaísmo”, en La idea mesiánica en el judaísmo, pp. 1-36; y Moshe Idel, Mesianic Mystics (New Haven: Yale University Press, 1998).
    • 9 Wolfson, Idioma, Eros, Ser, p. 171.
    • 10 “re/pair” se publica en Secrets of the Heartland, p. 17.
    • 11 Elliot R. Wolfson, en correspondencia con el autor, 9 de mayo de 2007.

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