3.4: Lectura- Mi testimonio- La importancia de cultivar y mantener nuestro idioma de herencia
- Page ID
- 172436
\( \newcommand{\vecs}[1]{\overset { \scriptstyle \rightharpoonup} {\mathbf{#1}} } \)
\( \newcommand{\vecd}[1]{\overset{-\!-\!\rightharpoonup}{\vphantom{a}\smash {#1}}} \)
\( \newcommand{\dsum}{\displaystyle\sum\limits} \)
\( \newcommand{\dint}{\displaystyle\int\limits} \)
\( \newcommand{\dlim}{\displaystyle\lim\limits} \)
\( \newcommand{\id}{\mathrm{id}}\) \( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\)
( \newcommand{\kernel}{\mathrm{null}\,}\) \( \newcommand{\range}{\mathrm{range}\,}\)
\( \newcommand{\RealPart}{\mathrm{Re}}\) \( \newcommand{\ImaginaryPart}{\mathrm{Im}}\)
\( \newcommand{\Argument}{\mathrm{Arg}}\) \( \newcommand{\norm}[1]{\| #1 \|}\)
\( \newcommand{\inner}[2]{\langle #1, #2 \rangle}\)
\( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\)
\( \newcommand{\id}{\mathrm{id}}\)
\( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\)
\( \newcommand{\kernel}{\mathrm{null}\,}\)
\( \newcommand{\range}{\mathrm{range}\,}\)
\( \newcommand{\RealPart}{\mathrm{Re}}\)
\( \newcommand{\ImaginaryPart}{\mathrm{Im}}\)
\( \newcommand{\Argument}{\mathrm{Arg}}\)
\( \newcommand{\norm}[1]{\| #1 \|}\)
\( \newcommand{\inner}[2]{\langle #1, #2 \rangle}\)
\( \newcommand{\Span}{\mathrm{span}}\) \( \newcommand{\AA}{\unicode[.8,0]{x212B}}\)
\( \newcommand{\vectorA}[1]{\vec{#1}} % arrow\)
\( \newcommand{\vectorAt}[1]{\vec{\text{#1}}} % arrow\)
\( \newcommand{\vectorB}[1]{\overset { \scriptstyle \rightharpoonup} {\mathbf{#1}} } \)
\( \newcommand{\vectorC}[1]{\textbf{#1}} \)
\( \newcommand{\vectorD}[1]{\overrightarrow{#1}} \)
\( \newcommand{\vectorDt}[1]{\overrightarrow{\text{#1}}} \)
\( \newcommand{\vectE}[1]{\overset{-\!-\!\rightharpoonup}{\vphantom{a}\smash{\mathbf {#1}}}} \)
\( \newcommand{\vecs}[1]{\overset { \scriptstyle \rightharpoonup} {\mathbf{#1}} } \)
\(\newcommand{\longvect}{\overrightarrow}\)
\( \newcommand{\vecd}[1]{\overset{-\!-\!\rightharpoonup}{\vphantom{a}\smash {#1}}} \)
\(\newcommand{\avec}{\mathbf a}\) \(\newcommand{\bvec}{\mathbf b}\) \(\newcommand{\cvec}{\mathbf c}\) \(\newcommand{\dvec}{\mathbf d}\) \(\newcommand{\dtil}{\widetilde{\mathbf d}}\) \(\newcommand{\evec}{\mathbf e}\) \(\newcommand{\fvec}{\mathbf f}\) \(\newcommand{\nvec}{\mathbf n}\) \(\newcommand{\pvec}{\mathbf p}\) \(\newcommand{\qvec}{\mathbf q}\) \(\newcommand{\svec}{\mathbf s}\) \(\newcommand{\tvec}{\mathbf t}\) \(\newcommand{\uvec}{\mathbf u}\) \(\newcommand{\vvec}{\mathbf v}\) \(\newcommand{\wvec}{\mathbf w}\) \(\newcommand{\xvec}{\mathbf x}\) \(\newcommand{\yvec}{\mathbf y}\) \(\newcommand{\zvec}{\mathbf z}\) \(\newcommand{\rvec}{\mathbf r}\) \(\newcommand{\mvec}{\mathbf m}\) \(\newcommand{\zerovec}{\mathbf 0}\) \(\newcommand{\onevec}{\mathbf 1}\) \(\newcommand{\real}{\mathbb R}\) \(\newcommand{\twovec}[2]{\left[\begin{array}{r}#1 \\ #2 \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\ctwovec}[2]{\left[\begin{array}{c}#1 \\ #2 \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\threevec}[3]{\left[\begin{array}{r}#1 \\ #2 \\ #3 \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\cthreevec}[3]{\left[\begin{array}{c}#1 \\ #2 \\ #3 \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\fourvec}[4]{\left[\begin{array}{r}#1 \\ #2 \\ #3 \\ #4 \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\cfourvec}[4]{\left[\begin{array}{c}#1 \\ #2 \\ #3 \\ #4 \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\fivevec}[5]{\left[\begin{array}{r}#1 \\ #2 \\ #3 \\ #4 \\ #5 \\ \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\cfivevec}[5]{\left[\begin{array}{c}#1 \\ #2 \\ #3 \\ #4 \\ #5 \\ \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\mattwo}[4]{\left[\begin{array}{rr}#1 \amp #2 \\ #3 \amp #4 \\ \end{array}\right]}\) \(\newcommand{\laspan}[1]{\text{Span}\{#1\}}\) \(\newcommand{\bcal}{\cal B}\) \(\newcommand{\ccal}{\cal C}\) \(\newcommand{\scal}{\cal S}\) \(\newcommand{\wcal}{\cal W}\) \(\newcommand{\ecal}{\cal E}\) \(\newcommand{\coords}[2]{\left\{#1\right\}_{#2}}\) \(\newcommand{\gray}[1]{\color{gray}{#1}}\) \(\newcommand{\lgray}[1]{\color{lightgray}{#1}}\) \(\newcommand{\rank}{\operatorname{rank}}\) \(\newcommand{\row}{\text{Row}}\) \(\newcommand{\col}{\text{Col}}\) \(\renewcommand{\row}{\text{Row}}\) \(\newcommand{\nul}{\text{Nul}}\) \(\newcommand{\var}{\text{Var}}\) \(\newcommand{\corr}{\text{corr}}\) \(\newcommand{\len}[1]{\left|#1\right|}\) \(\newcommand{\bbar}{\overline{\bvec}}\) \(\newcommand{\bhat}{\widehat{\bvec}}\) \(\newcommand{\bperp}{\bvec^\perp}\) \(\newcommand{\xhat}{\widehat{\xvec}}\) \(\newcommand{\vhat}{\widehat{\vvec}}\) \(\newcommand{\uhat}{\widehat{\uvec}}\) \(\newcommand{\what}{\widehat{\wvec}}\) \(\newcommand{\Sighat}{\widehat{\Sigma}}\) \(\newcommand{\lt}{<}\) \(\newcommand{\gt}{>}\) \(\newcommand{\amp}{&}\) \(\definecolor{fillinmathshade}{gray}{0.9}\)|
Antes de leer: Busca las siguientes palabras en un diccionario, escribe un sinónimo y después escribe una oración usándola en contexto.
La lectura: Ahora vamos a leer la lectura titulada Mi testimonio: La importancia de cultivar y mantener nuestro idioma de herencia Figure \(\PageIndex{1}\): Dra. Massiel Zaragoza. (Copyright; author via source) Biografía: La Dra. Massiel Zaragoza es una defensora de la equidad educativa, la justicia lingüística y el poder transformador del bilingüismo. Como Administradora de Programas de Educación Dual en la Oficina de Educación Multilingüe y Multicultural de las Escuelas Públicas de Chicago (CPS), la Dra. Zaragoza lidera un equipo que apoya la implementación de programas de educación dual en 46 escuelas del distrito, asegurando que los idiomas, identidades y culturas de los estudiantes sean afirmados y celebrados. Orgullosa estudiante aprendiz de inglés como segundo idioma y egresada del sistema de CPS, la Dra. Zaragoza obtuvo su Maestría en Liderazgo Educativo y su Doctorado en Currículo e Instrucción en la Universidad de Illinois en Chicago. Su disertación doctoral, titulada Exploring Secondary Dual Language Teacher Ideologies via Testimonio and Critical Action Research, fue reconocida con el Outstanding Dissertation Award (segundo lugar) por la American Educational Research Association (AERA). Su investigación se enfoca en la preparación de maestros bilingües, la enseñanza de la lectoescritura bilingüe en la educación secundaria y las pedagogías críticas del lenguaje. Con más de veinte años de experiencia en docencia y liderazgo, y como madre de cuatro niñas que estudian en programas de educación dual, aporta a su trabajo un compromiso tanto profesional como profundamente personal. La Dra. Zaragoza ha publicado libros infantiles bilingües y artículos académicos en revistas de prestigio como Bilingual Research Journal, International Journal of Bilingual Education and Bilingualism y Teachers College Record.
Mi testimonio: La importancia de cultivar y mantener nuestro idioma de herencia El español ha sido el hilo que ha tejido mi historia: un idioma que sostiene mis raíces, mi memoria y mi identidad. La educación bilingüe no solo marcó mi vida; le dio dirección. Nací en San Juan, Puerto Rico, y viví allí con mi familia hasta que emigramos a Chicago cuando era niña. En la escuela me pusieron en un programa bilingüe transicional, un modelo educativo cuyo objetivo principal era usar el español de manera temporal para facilitar el aprendizaje de contenidos académicos mientras se desarrollaba el inglés, con la meta final de integrarnos a salones completamente en inglés. En ese programa, mi maestra, la señora Avendaño, enseñaba el currículo en español y se aseguraba de fortalecer primero nuestra lengua materna antes de “transicionarnos” al inglés. Lo que hizo la señora Avendaño fue profundamente significativo para mí. Ella no veía el español como algo pasajero ni como un simple puente hacia el inglés. Lo trataba como un idioma con valor propio. En un sistema que empujaba a aprender inglés lo más rápido posible, ella nos ayudaba a fortalecer primero nuestra lengua materna para nuestro crecimiento académico y personal. Hoy entiendo que su manera de enseñar fue, sin decirlo, un acto de afirmación y de resistencia. Cuando alcancé el nivel de inglés requerido, fui transferida a un salón completamente en inglés. Nadie me explicó claramente ese cambio. Simplemente ocurrió. Aunque ya sabía inglés, no lo dominaba completamente. Había instrucciones, expresiones y referencias culturales que no entendía del todo. No me adapté de inmediato. Además, algo más profundo ocurrió: los niños ya no hablaban español. Había estudiantes latinos en mi clase, pero si yo les hablaba en español, me contestaban en inglés. Muy pronto entendí que era yo quien tenía que adaptarse. Hablar inglés se convirtió en sinónimo de éxito. El inglés dominaba los pasillos, los recreos y las conversaciones cotidianas. Cuando yo decía un “oye” o un “¿qué tal?”, la respuesta llegaba en inglés. Poco a poco empecé a sentir que el español era algo que debía guardar para la casa, una parte de mí que solo pertenecía al ámbito privado. En casa, sin embargo, el español seguía vivo. Con mi mamá veía telenovelas como María la del Barrio, nos reíamos de sus escenas dramáticas, veíamos Sábado Gigante, cantábamos canciones de Marc Anthony, Maná o Luis Miguel, y el español era la lengua de los chistes, las discusiones, las oraciones y los cuentos. Pero esa Massiel —la que se reía, cantaba y sentía en español— no iba conmigo a la escuela. Con el tiempo, comencé a darme cuenta de que estaba dividiendo mi identidad. Hoy entiendo ese sentimiento como una experiencia de nepantla, ese espacio intermedio descrito en los estudios de borderlands: un estado de estar entre mundos, entre lenguas, sin pertenecer del todo a uno ni al otro. Vivía entre el español del hogar y el inglés de la escuela, aprendiendo que uno tenía más valor público que el otro. En la escuela secundaria decidí estudiar francés en lugar de español, convencida de que no necesitaba estudiar un idioma que ya hablaba en casa. Años después comprendí cuán equivocada estaba. En la universidad, me exigieron tomar un examen de ubicación en español. El resultado me colocó en un curso de español para hablantes de herencia. Allí me di cuenta, de manera muy concreta, de que hablar español no era lo mismo que dominarlo académicamente: escribirlo, analizarlo, comprender su historia y su poder. Tenía vacíos gramaticales, léxicos y formales que nunca había tenido la oportunidad de desarrollar. Esa toma de conciencia se profundizó cuando hice un programa de intercambio en España. Fue allí donde sentí con claridad cuánto español había perdido por enfocarme casi exclusivamente en el desarrollo de mi inglés. Me enfrenté a registros formales, a estructuras complejas y a una fluidez que ya no era mía. Esa experiencia fue una epifanía y también una herida. Al mismo tiempo, se convirtió en una motivación poderosa: decidí que quería recuperar mi español y dedicarme a enseñarlo. Mi proceso para recuperar el idioma fue intencional y exigente. Veía películas, leía literatura, escuchaba el idioma con atención renovada y, literalmente, me senté a estudiar todas las conjugaciones verbales. Usé el libro 501 Spanish Verbs porque tenía una profesora universitaria que nos daba exámenes sorpresa. Ella esperaba que entendiéramos cómo conjugar los verbos en todos los tiempos verbales para saber cuándo correspondía usar el pluscuamperfecto de subjuntivo en vez del pluscuamperfecto de indicativo, por ejemplo. Recuperar mi español fue un acto de disciplina, pero también de sanación. Después de graduarme de la universidad, pasé más de una década enseñando español e inglés como segundo idioma, incluyendo cursos de español para hablantes de herencia. En esos cursos encontré a jóvenes que, como yo, navegaban entre lenguas y mundos. Muchos se sentían inseguros porque les habían dicho que hablaban “mal”, que su español mezclado con el inglés los hacía menos competentes. Con frecuencia, las clases carecían de maestros y materiales que afirmaran su forma de hablar. Por eso comencé a crear mis propios recursos: lecturas, proyectos y materiales que reflejaran nuestra historia, cultura, valores, humor y trayectorias migrantes. Quería un español que llevara nuestras historias a los corazones de nuestros hijos, nietos y bisnietos. Un español vivo, legítimo y profundamente nuestro. Enseñar en comunidades latinas de Chicago, con sus múltiples acentos, nacionalidades y experiencias, me enseñó que la pérdida del idioma no ocurre por desinterés, sino por la falta de espacios institucionales que lo valoren. En Estados Unidos, las lenguas de herencia suelen perderse para la tercera generación, cuando el sistema educativo y social deja de afirmarlas. Mantener el idioma no puede depender solo de la voluntad familiar; es una responsabilidad compartida entre escuelas, comunidades y políticas educativas. Hoy, como madre de cuatro hijas que crecen en programas de educación dual, entiendo esa diferencia con claridad. A diferencia del modelo transicional en el que yo crecí, la educación dual busca el bilingüismo, la biliteracidad y el biculturalismo a largo plazo, valorando ambas lenguas como recursos permanentes. En mi casa conviven el español puertorriqueño, el venezolano y el español mexicano de mi esposo, reflejo de un mestizaje lingüístico y cultural que forma parte de nuestra vida cotidiana. Les enseño a mis hijas que el español no es sólo una asignatura, sino una herencia viva. Actualmente, desde mi rol en las Escuelas Públicas de Chicago, trabajo para expandir el acceso a la educación dual y apoyar a escuelas y comunidades que históricamente han sido excluidas de estos programas. Durante años, la educación dual fue limitada y poco accesible en el estado de Illinois. Hoy, desde mi posición, puedo sembrar semillas de resistencia, abrir programas y proteger el derecho de nuestras comunidades a educarse en sus lenguas. El español me ha acompañado desde la infancia, a veces en voz alta, otras en silencio. Es el idioma con el que sueño, con el que pienso, con el que nombro lo que me duele y lo que me inspira. Cultivarlo es un acto de resistencia y esperanza. Porque mantener el idioma no es solo hablarlo: es reconocer en él nuestra memoria colectiva y nuestra manera de estar en el mundo.
2. Explica el impacto que tuvo la señora Avendaño con respecto a su filosofía de la enseñanza. ¿Cómo percibía ella el valor del español? ¿Cómo se contrastaba esto con la percepción de este en el sistema escolar? 3. Explica la experiencia de la Dra. Massiel después de dejar su salón bilingüe y transicionar a un salón de solo inglés. 4. En el artíclo, la Dra. Massiel comparte que el uso de sus dos lenguas se convirtió en una experiencia de nepantla. Explica el significado de este concepto y por qué lo usa para describir sus prácticas lingüísticas. 5. Lee la siguiente cita del texto e interpreta su significado. Explica si estás de acuerdo con el argumento planteado en la última oración: “En Estados Unidos, las lenguas de herencia suelen perderse para la tercera generación, cuando el sistema educativo y social deja de afirmarlas. Mantener el idioma no puede depender solo de la voluntad familiar; es una responsabilidad compartida entre escuelas, comunidades y políticas educativas”. 6. Según el texto, ¿cómo es que la autora logró recuperar su idioma de herencia? 7. ¿A qué se dedica actualmente la Dra. Zaragoza? ¿Cuáles son las prácticas lingüísticas en su casa? |

