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4.3: Escuelas de pensamiento confucianas

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    Después de la muerte de Confucio surgieron dos grandes escuelas de pensamiento confuciano: una estuvo representada por Mencio, la otra por Hsün-tzu (Hsün K'uang, ¿300? -235? BC). Mencio continuó las enseñanzas éticas de Confucio haciendo hincapié en la bondad innata de la naturaleza humana. Creía, sin embargo, que la bondad humana original puede llegar a ser depravada a través del propio esfuerzo destructivo o por el contacto con un entorno maligno. El problema del cultivo moral es, pues, preservar o al menos restaurar la bondad que es el derecho de nacimiento de uno. En el pensamiento político, Mencio es considerado a veces uno de los primeros defensores de la democracia, pues adelantó la idea de la supremacía popular en el estado.

    En oposición a Mencio, Hsün-tzu sostenía que una persona nace con una naturaleza maligna pero que se puede regenerar a través de la educación moral. Consideraba que los deseos debían ser guiados y restringidos por las reglas de la propiedad y que ese carácter debía moldearse por una observancia ordenada de los ritos y por la práctica de la música. Este código sirve como una poderosa influencia en el carácter al dirigir adecuadamente las emociones y al proporcionar armonía interior. Hsün-tzu fue el principal exponente del ritualismo en el confucianismo.

    Después de un breve período de eclipse en el siglo III a.C., el confucianismo fue revivido durante la dinastía Han (206 aC-220 d.C.). Las obras confucianas, copias de las cuales habían sido destruidas en el periodo anterior, fueron restauradas a favor, canonizadas y enseñadas por eruditos eruditos de las academias nacionales. Las obras también formaron la base de exámenes posteriores de la función pública; los candidatos a cargos de gobierno responsables recibieron sus nombramientos en base a sus conocimientos de literatura clásica. En consecuencia, el confucianismo aseguró un firme control sobre la vida intelectual y política china.

    El éxito del confucianismo Han fue atribuible a Tung Chung-shu, quien primero recomendó un sistema educativo construido sobre las enseñanzas de Confucio. Tung Chung-shu creía en una estrecha correspondencia entre los seres humanos y la naturaleza; así los hechos de una persona, especialmente los del soberano, son a menudo responsables de fenómenos inusuales en la naturaleza. Debido a la autoridad del soberano, él o ella es el culpable de fenómenos como el fuego, la inundación, el terremoto y el eclipse. Debido a que estos malos augurios pueden descender a la tierra como una advertencia a la humanidad de que no todo está bien en este mundo, el miedo al castigo celestial resulta útil como bordillo al poder absoluto del monarca.

    En el caos político que siguió a la caída de la dinastía Han, el confucianismo se vio ensombrecido por las filosofías rivales del taoísmo y el budismo, y la filosofía sufrió un revés temporal. Sin embargo, los Clásicos Confucianos continuaron siendo la principal fuente de aprendizaje para los estudiosos, y con la restauración de la paz y la prosperidad en la dinastía Tang (618-907), se alentó la difusión del confucianismo. El monopolio del aprendizaje por parte de los estudiosos confucianos les aseguró una vez más las posiciones burocráticas más altas. El confucianismo regresó como una enseñanza estatal ortodoxa.


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