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# 5.1: El estado de la cuestión

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El segundo aspecto que llevó a una reevaluación de la esclavitud en este período fue el cuestionamiento de la noción de que la esclavitud fue el sistema de explotación económica predominante en todo el período romano. En un gran número de importantes monografías y artículos, expertos europeos en la materia sostienen que el modo de producción esclavista tuvo tan solo una distribución limitada en el mundo mediterráneo antiguo en todos los períodos, y única mente una relevancia insignificante en el Bajo Imperio: es decir que la explotación de la tierra en mano de grandes cuadrillas de esclavos en el denominado “sistema de villas” que se describe en los escritos agronómicos de Catón y Columela no era algo característico de la economía rural en el Bajo Imperio (Giardina y Schiavone, 1981).5 A su vez, este planteo cuestiona la validez de los vínculos directos entre un declive notorio de la economía agraria durante el período del Bajo Imperio y una supuesta disminución en la cantidad de esclavos.

Existe un muestrario relativamente rico de fuentes sobre los esclavos y la esclavitud en el Bajo Imperio romano, pero se trata de un material que puede ser considerado ambiguo y poco claro. El mayor cuerpo de pruebas puede encontrarse en los dos grandes códigos que se recopilaron bajo el reinado de Teodosio II, a mediados del siglo V, y bajo el de Justiniano, a mediados del siglo VI. Durante este período, la abundante pero predecible literatura hagiográfica se encuentra colmada de ejemplos sobre los esclavos. Por otra parte, los esclavos y la esclavitud sirvieron como una valiosa metáfora para los escritores cristianos del período, ya sea para explayarse sobre la correcta relación entre los humanos y Dios, o para criticar la conducta de sus contemporáneos (cf. Glancy, 2011). Los esclavos aparecen en numerosas escenas en las historias y panegíricos, en la poesía y el teatro de la época. Por último, puede notarse cómo se compraban, vendían, castigaban y liberaban esclavos en las distintas fuentes epistolares, epigráficas y papirológicas.

Si se toma la legislación al pie de la letra, tanto las curiae municipales como el clero estaban repletos de esclavos en los siglos IV y V.30 Esto es, ciertamente, improbable, pero la preponderancia de estas leyes demuestra que las preocupaciones sobre los matrimonios mixtos pueden ubicarse dentro del contexto de la legislación relacionada con las circunstancias en las que los límites entre libertad y esclavitud parecen haber sido quebrantados de otras formas. La transición no era siempre de la privación de la libertad a la libertad. Un edicto de mitad del siglo III intenta evitar que los hombres se hicieran pasar como esclavos para quitarle al comprador el precio de la compra (Cod. Just. 7 .18 .1; cf. Ramin y Veyne (1981, p. 474). Por otra parte, las leyes que prohibían a los curiales actuar como administradores de fincas los acusan de abandonar su rango y aceptar una posición de servidumbre, lo cual pone de manifiesto que realizar trabajos pagos no había perdido su estigma entre la aristocracia del período.31 En cada caso, el énfasis puesto en el mantenimiento de límites entre individuos libres y esclavos es claramente visible.

Estos textos toman como su contexto un mundo en donde las distinciones dentro de la sociedad romana cobraban mayor relevancia que las distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos. La distancia entre hombres de alto rango social y riqueza (honestiores) y los de las clases más bajas (humiliores) en el período severiano se encontraba establecida en la práctica social, los procedimientos legales y las leyes penales.32 Sin embargo, debemos ser cautos y no sobredimensionar el impacto y las implicancias de este desarrollo, ni las de los Constitutio Antoniniana de 212, por los cuales Caracalla declara ciudadanos a casi todos los habitantes del Imperio: la ciudadanía siguió siendo un asunto importante y los esclavos continuaron siendo no ciudadanos.33 Aun así, parece razonable sugerir que la serie de leyes que impedían que los esclavos ocuparan roles que no eran adecuados a su estatus puede interpretarse como parte de una tendencia más amplia en la legislación del período para definir y delinear los estatus y los roles dentro de la sociedad romana,34 y es en este contexto, también, que las leyes que reafirmaban y ampliaban las limitaciones en cuanto al código de vestimenta en las ciudades de Constantinopla y Roma deba quizá interpretarse (Cod. Teod. 14.10.1;4).

Por otra parte, la meticulosidad que siempre había existido sobre los límites entre los pobres libres y los no libres recibió una gran atención durante este período. En los siglos anteriores, los castigos apropiados para los esclavos se habían extendido, gradualmente, hasta cubrir también a los delincuentes de las clases más bajas.35 Durante los siglos IV y V, algunas de las provisiones que servían de marco a los matrimonios entre esclavos e individuos libres se convirtieron en modelo para las limitaciones análogas en las uniones entre tenentes registrados (coloni) y aquellos con un estatus de curia o mayor (Novelas de Valentiniano31.6; cf. Nov. May. 7.1.2). En la cuestión de la voluntad, también, los límites entre sujetos libres y no libres, aquellos in potestate y aquellos sui iuris, se vuelven menos nítidos.36 El criterio principal que determina el tratamiento de los esclavos, tenentes, procuratores, actores y otros agentes que procedían de manera fraudulenta era el grado en que estaban actuando con el conocimiento del mandante, más que su condición de libres o no libres (Cod. Teod. 9.17.1; Harries, 1999, p. 142–3).

Esto se tomó como un proceso más general de erosión de los privilegios legales para los individuos pobres que eran libres, pero aquí también se debe ser cauteloso. Las incertidumbres en cuanto al estatus, y las mezclas de libres, libertos y no libres entre los miembros más pobres y humildes de la sociedad romana no son un fenómeno nuevo del Bajo Imperio.37 En las fuentes legales del período, al menos, se distinguen dos procesos. En primer lugar, se observa una utilización más abierta de las reglas aplicadas a los esclavos como parte de los intentos de describir las limitaciones impuestas sobre la conducta de ciertos miembros de la sociedad romana. Este fenómeno puede vincularse más ampliamente con el control en la legislación del período, principalmente en lo concerniente a los impuestos, y se tratará en mayor detalle más adelante (véase Grey y Parkin, 2003). En segundo lugar, parece haber una reacción consciente contra la ambigüedad que siempre había estado presente en el derecho de gentes, y un impulso de identificar claramente los términos precisos dentro de los cuales se debe definir una relación o un estatus legal en particular. Este impulso trajo aparejado un nuevo abanico de estatus y condiciones hibridizados, al menos en lo que a la ley respecta.

La literatura hagiográfica brinda también una rica fuente de información sobre los esclavos en una variedad de circunstancias cotidianas y extraordinarias. Aun encontramos preguntas clave en cuanto a los enfoques y las interpretaciones de estos textos, pero para el tema que nos ocupa estos problemas son menos relevantes, ya que los esclavos son, en muchos casos, secundarios a los objetivos de los autores y los heroicos eventos que estos describen: los vemos como secretarios y escribas en los scrinia municipales e imperiales42, y conforman un grupo en las casas de los aristócratas con quienes los santos tienen contacto. En la Vida de San Martín de Tours, de Sulpicio Severo, por ejemplo (17.1–4 [CSEL 1: 126]; cf. Teodoreto, Historia Religiosa 9.4; 9), es el poder del santo de sanar aun miembro de la familia de un aristócrata pagano de la ciudad de Tréverislo que convence al hombre de su conversión al cristianismo. Los esclavos forman parte de la propia casa de los santos, y, por lo tanto, ofrecen a él o a ella la oportunidad de enseñar qué es la abnegación o de dar muestras de una bondad sobresaliente.43 En la literatura hagiográfica del Mediterráneo occidental, al menos, la redención de los cautivos se convirtió en uno de los indicios de la santidad de los santos en este período (Klingshirn, 1985). En una curiosa vuelta de tuerca sobre el mismo tema, la vida de un monje egipcio en las postrimerías del siglo IV relata la historia de un jefe de bandidos que se apiada de una mujer a la que encuentra perdida en el desierto, y redime a su esposo e hijos que habían sido encarcelados y esclavizados, respectivamente, como resultado de sus deudas fiscales (Historia de los monjes egipcios 14.4–7). En los textos hagiográficos, por lo tanto, los esclavos funcionan como análogos y objetos de las acciones de los santos.

Tomados en conjunto, estos textos ofrecen una colección de viñetas individuales con las cuales no es recomendable generalizar. Poco puede hacerse desde una perspectiva cuantitativa o incluso seudocuantitativa con este material, ya que los textos con los que contamos no se prestan fácilmente a un proyecto semejante. Samson (1989, p. 100–2), por ejemplo, sostiene que las diferencias formales en las pruebas de la existencia de esclavos tomadas en las distintas regiones del mundo mediterráneo no deben ser interpretadas necesariamente como una confirmación de las diferencias en las funcioneso la cantidad relativa de los esclavos en esas regiones. En forma análoga, Bagnall (1993 b) demostró que es extremadamente problemático afirmar, teniendo en cuenta los cambios en las cifras de los papiros sobrevivientes que tratan el tema de los esclavos, que el número de esclavos haya decaído en el período del Bajo Imperio en Egipto. La arqueología es solo de uso limitado a la hora de complementar el panorama que debe esbozarse considerando esas pruebas escritas.53 De este modo, a pesar de la riqueza comparativa de las fuentes de la Antigüedad tardía en general, los estudiosos de la historia de la esclavitud en este período se ven obstaculizados por los mismos problemas y limitaciones que inquietan a los estudiosos de períodos anteriores. Y si bien la naturaleza anecdótica e incompleta de las fuentes no debería desalentarnos, sí parece señalar –y hasta cierto punto determinar– la forma que debe tomar nuestra investigación y las preguntas que se le deben hacer al material. En los puntos siguientes, me concentraré en la reconstrucción de una imagen de la posición socioeconómica de los esclavos en el Bajo Imperio romano más que en el intento de cuantificar o brindar un análisis legal de estos textos.

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1 Discusiones en Nehlsen (1972, p. 52-57); Wickham (1984, p. 4–8); Whittaker (1987, p. 89-94);Vera (1989, p. 32-34); (1992-3, p. 293–5); (1998, p. 298–310); Verhulst (1991, p. 195); Cameron (1993, p. 118-121); Giardina (1997), Scheidel (1999 b); García Moreno (2001, p. 198-201).

2 Análisis del argumento de Bloch en Vera (1998, p. 304-307).

3 Anderson (1974); Dockes (1979); Ste. Croix (1981); Wickham (1984) para críticas.

4 Informe de resúmenes: Vera (1989, p. 33); (1992–3, p. 295); Whittaker (1994, p. 270); Tate (1997, p. 58–9). Discusiones detalladas: Garnsey y Whittaker (1998); Whittaker y Garnsey (1998); Vera (1998, p. 293–6, 315–16); van Oseel y Ouzoulias (2000).

5 Cf. Wickham (1984); Vera (1998, p. 307–8).

6 Véase también Finley (1964), (1965) y (1987). Para evaluaciones, Whittaker (1987, p. 89 –94); Vera (1998, p. 302); cf. la recopilación de ensayos en Du latifundium aulatifondo (1995).

7 Momigliano (1987); Wickham (1984, p. 5 (con n. 5)); Vera (1986, p. 413–18); (1992–3, p. 312–15).

8 Wickham (1984: 5) desestimó la centralidad de la esclavitud en la economía del Bajo Imperio, citando a Finley y el trabajo de una gran cantidad de académicos italianos, “que suelen plantarse en franca oposición a él”.

9 Vera (1992–3), (1998); Giardina (1997); cf. De Martino (1986); Vera (1989), (1995), Rosafio (1994), (2002); Koptev (1995a); Lo Cascio (1997); García Moreno (2001); cf. el capítulo de Neville Morley en este volumen.

10 Bagnall (1993b); Banaji (1999) (2004); Sarris (2004).

11 Klein (1988), (2000), (2001); Grieser, (1997); cf. Momigliano (1987, p. 2–3), en donde se observa la omisión de Finley al respecto.

12 Shaw (1987); Arjava (1996); Grieser (1997, p. 51–89); Nathan (2000); Vuolanto (2003).

13 Grieser (1997); Melluso (2000); Nehlsen (2001); Rotman (2004).

14 MacMullen (1987, p. 375); Whittaker (1987, p. 108–9); Vera (1992–3, p. 309–10); (1998, p. 303, 307); Bagnall (1993b, p. 237–8); Garnsey (1996, p. 2); Grieser (1997, p 43–7); Whittaker y Garnsey (1998, p. 287, 294); Garnsey y Humfress (2001, p. 86).

15 Whittaker (1987, p. 105); Vera (1998, p. 334–5); Nathan (2000, p. 171–3, 177); García Moreno (2001, 200–1).

16 Whittaker (1987, p. 95, 97); Bagnall (1993b, p. 228 –9); Garnsey (1996, p. 6); Grieser (1997, p. 43–8 (en el siglo VI y después en Galia)).

17 Whittaker (1987, p. 94, 106 –7); Samson (1989, p. 222); Vera (1995, 1998, p. 309 –10); Whittaker y Garnsey, (1998, p. 296); García Moreno (2001, p. 201 –2). Véase más adelante.

18 Whittaker (1987, p. 89 (connn. 8 –9)); Samson (1992, p. 222 –4). MacMullen (1987, p. 376–7) objeta; Vera, (1992 –3, p. 311 –12); (1998, p. 315, 316 –18) es cauteloso. Los historiadores del medioevo ubican el terminus de la caída de la esclavitud mucho después, quizá hasta incluso en el siglo X: Bonnassie (1985); Bois (1989). Breve sondeo de estudios recientes: Verhulst (1991); Samson (1994); cf. Vera (1998, p. 302–4); García Moreno (2001, p. 200).

19 Marcone (1998, p. 356); Vera (1998, p. 312–13, 319, 324–5); García Moreno (2001, p.201–2, 207).

20 Ramin y Veyne (1981); cf. MacMullen (1987, p. 380 (con n. 98)); Vuolanto (2003). Véase más adelante.

21 Finley (1980, p. 125–6, 130); Samson (1992, p. 221); Garnsey (1996, p. 101 (con n. 18)); Grieser (1997, p. 97–112, 135–9); Nathan (2000, p. 176); cf. con nuevas posibilidades Turpin (1987); Pazdernik (1999). Sobre los códices de Justiniano, véase Honore (1978); para el código Teodosiano, Matthews (2000).

22 Whittaker (1987, p. 103); Samson (1992, p. 219); Whittaker y Garnsey (1998, p. 294). García Moreno (2001, p. 206) ofrece estadísticas para los reinos posromanos.

23 Nathan (2000, p. 174, 182); cf. Champlin (1991, p. 136–42) sobre el Alto Imperio; Van Dam (1995), sobre el testamento de Gregorio Nacianceno.

24 Manumisión: Cod. Iust. 1.13.1 (316); Cod. Teod. 4.7.1 (321) = Cod. Iust. 1.13.2; Cod. Teod.2.8.1 (321); véase Grieser (1997, p. 136–7). Manumissio in ecclesia: Sínodo de Toledo (400), c. 10, con Grieser (1997, p. 150–2, 161); Nathan (2000, p. 172).

25 Finley (1980, p. 125–6, 130); Nathan (2000, p. 170).

26 Cf. Evans Grubbs (1995, p. 307–9), que subestima la influencia cristiana; Grieser (1997, p. 99–100); Vera (1998, p. 319–20). La prohibición de Constantino de tatuar el rostro de criminales y esclavos parece tener origen cristiano: Cod. Teod. 9.40.2; Aur. Vict. Caes. 41.4; Soz. HE 1.8.13.

27 Cod. Just. 6.1.3; cf. Ausonio, Epigr. 16–17 (Green): castigo y marcado con hierro; Grieser (1997, p. 109) para el marcado con hierro; cf. Bradley (1984, p. 119); Evans Grubbs (1995, p. 26).

28 Evans Grubbs (1993; 1995, p. 261–316); Koptev (1995b); Arjava (1996); Grieser (1997, p.99–101); Storchi Marino (1999); Vuolanto (2003); Koptev (2004, p. 291, 302).

29 Evans Grubbs (1995, p. 261-316).

30 Cod. Iust. 7.16.11, 10.32: esclavos que, ilegalmente, llegaban a funcionarios o al puesto de decurión. Cod. Iust. 7.16.42: esclavos como jefes de decurias. Para los esclavos que se convertían en sacerdotes, véase Klein (1993).

31 Cod. Teod. 12.1.92 = Cod. Iust. 10.32.34 mut; cf. Nov. Theod. 9.1.1. La inadecuación de la banausía como topos en la literatura antigua: Ste. Croix (1981, p. 114–15); Zimmermann (1996, p. 338–9). También Augustino. Ep. 24, 2.

32 Garnsey (1970, 2004, p. 140); Marcone (1998).

33 Garnsey (2004, p. 141–3); Evans Grubbs (1995, p. 277).

34 Véase Cod. Teod. 9.45.3: intento de limitar la huida a la iglesia; Cod. Teod. 7.13.8: prohibición a los esclavos y otros individuos que ocupaban profesiones básicas de unirse a los escuadrones más honorables de la milicia; Cod. Iust. concerniente al estatus de los hijos de esclavos que alcanzaban un cargo como funcionarios, o rango militar alto

35 Harries (1999, p. 122–3, 126, 140–1). Note Cod. Teod. 8.2.5: amenaza de tortura a funcionarios municipales de menor rango.

36 Paulo, Sent. 5.8, con G. y M. Sautel (1959, p. 264); Aubert (1994, p. 108); Cod. Iust. 4.25.5, con Aubert (1994, p. 109).

37 Ramin y Veyne (1981); Gardner (1986a); Bagnall (1993b, p. 227). Véase Cod. Iust. 6.1.4, distinción entre un esclavo que se declara como nacido libre por ignorancia y alguien que lo hace de forma deliberada. niños no son esclavos, pero sí son descriptos en términos que suponen una analogía con la esclavitud. Tampoco son libres, ya que su capacidad de volver a ganar su merecido estatus como ingenui por medio de diversos caminos es celosamente defendida en las fuentes legales.

38 Vuolanto (2003); cf. Lepelley (1983, p. 333–4); Humbert (1983), en referencia a Augustino. Ep. 24; Grieser (1997, p. 95–6). San Agustín (Ep. 10 .2) afirma que los padres podían vender la mano de obra de sus hijos por 25 años.

39 Boswell (1988, p. 202). Véase Cod. Teod. 3.3.1; Nov. Val. 33.1; Libanius, Or. 46. 23; Basil, De spiritusancto 20 (SC 17 bis).

40 Vuolanto (2003, p. 187, 191 (conn. 60)). Esta parece ser la postura de San Agustín (Ep. 24) y el fundamento de su preocupación por los derechos relativos de los padres, señores y dueños de esclavos.

41 Cf. la borrosidad de los límites entre niños y esclavos en las fuentes cristianas: Garnsey y Humfress (2001, p. 179–80, 186).

42 Paulino, Vit. Ambr. 43 (Kaniecka86–8); Eugipio, Vita Severini 36.

43 Greg. Nyss. Vita Macrinae 966D; Paulino de Nola, Ep. 24.3; Paladio, Hist. Laus. 46.3, 61.6; Vida de Policarpo 5 (cf. Stewart-Sykes, 2002). Más referencias: Jones (1964, p. 851 (con n. 66))

44 Por ejemplo, John Chrys. Hom. Eph. 14, 3-4 (Pg62 109-10); Hom. Jo. 80, 3 pg 59, 436).

45 Paladio, Hist. Laus. 61.5; Querolus74; John Chrys. Hom. I. Cor. 19 .3 –5 (PG 61 .154–8). Símaco, Ep. 4 .48; Paulino de Pella, Eucharist. 333–7; Jer. Ep. 54.6; San Ambrosio, Ep. 19 .20; John Chrys. Hom. in Tit. 4 (PG62 .685 –6). Véase Garnsey (1996, p. 72–3); Samson (1992, p. 225); Bagnall (1993b, p. 234–7); Nathan ( 2000, p. 179).

46 Salviano, De Gubernatione Dei 3.10. 50–1, 4. 3. 13, 4. 6. 29, 4. 12. 57–8, con Grey (2006).

47 Evidencia de Egipto: Straus (2004). Venta de eunucos: Jones (1964, p. 852 (con n. 68)). Véase también Casiodoro, Variae 8 .33 .4: venta de niños para esclavitud en un mercado de Lucania, en el siglo VI.

48 Archiv für Papyrusforschung 3 .415 f f; BGU i.316 = Mitteis, Chr. 271 = FIRA iii.134; Teodoreto, Ep. 70 (SC 98). Discusiones generales de los mercados de esclavos Melluso (2002).

49 Bagnall (1993b), critica a Fikhman (1973); cf. Finley (1980, p. 129), con Jones (1956).

50 Texto en Crawford y Reynolds (1979, p. 177); cf. Scheidel (1996c).

51 Cod. Iust. 1.19.1, 7.13.1, con Evans Grubbs (2000) (especialmente 86–7). Sidonio Apolinar. Epist. 4.12; Severio, Ep. 3; Paulino de Nola, Ep. 23. Estudios detallados de los mensajeros de cartas: Perrin (1992); Letourneur (2002). Cod. Teod. 10.8.4 (Numidia); Cod. Teod. 9.42.7 = Cod. Just. 9.49.7 (Ilírico, Italia, África). Cod. Just. 6.1.5 (Moesia), responsabiliza al defensor civitatis de la búsqueda de esclavos públicos fugitivos. Ausonio, Epigr. 16–17 (Green). Véase Bagnall (1993a, p. 209); Neri (1998, p. 159); Grieser (1997, p. 107–12), 122–4; Bellen, (1971).

52 Grieser (1997, p. 3, 150–2, 161).

53 Bradley (2003); Scheidel (2003a).

5.1: El estado de la cuestión is shared under a CC BY-NC-SA 4.0 license and was authored, remixed, and/or curated by Cam Gray, Traducción: Patricia Colombo, Revisión: Dr. Diego Santos.