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10.19: Tres de mayo de 1808

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    Un grupo de resistencia española se acurruca apoyados contra una pared. Uno de sus miembros yace muerto en el suelo, su propia sangre lo rodea. Una figura central se levanta y es iluminada directamente por una linterna. Lleva camisa blanca y tiene los brazos extendidos. La resistencia está rodeada de tropas francesas armadas, que se paran detrás de la linterna y son ensombrecidas. Madrid está pintado en el fondo oscuro.
    Figura\(\PageIndex{1}\). Francisco Goya, El 3 de mayo de 1808 en Madrid: las ejecuciones en el cerro Príncipe Pío, 1808, 1814—15, óleo sobre lienzo, 8′ 9″ × 13′ 4″ (Museo del Prado, Madrid)

    Napoleón pone a su hermano en el trono de España

    En 1807, Napoleón, empeñado en conquistar el mundo, puso en alianza con él al rey de España, Carlos IV, para conquistar Portugal. Las tropas de Napoleón se vertieron en España, supuestamente apenas de paso. Pero las verdaderas intenciones de Napoleón pronto se hicieron claras: la alianza era un truco. Los franceses estaban tomando el relevo. José Bonaparte, hermano de Napoleón, fue el nuevo rey de España.

    Una escena de batalla; hombres tanto a pie como a caballo pelean. El foco central es un hombre deslizándose de su caballo mientras otro le apunta con una daga.
    Figura\(\PageIndex{2}\). Francisco Goya, El Segundo de Mayo, 1808, 1814, óleo sobre lienzo, 104.7 × 135.8 in. (Museo del Prado)

    El 2 y 3 de mayo de 1808

    El 2 de mayo de 1808, cientos de españoles se rebelaron. El 3 de mayo, estos luchadores por la libertad españoles fueron acorralados y masacrados por los franceses. Su sangre literalmente corría por las calles de Madrid. A pesar de que Goya había mostrado simpatías francesas en el pasado, la matanza de sus compatriotas y los horrores de la guerra causaron una profunda impresión en el artista. Conmemoró ambos días de este espantoso levantamiento en pinturas. Aunque el Segundo de Mayo de Goya (figura 2) es un tour de force de cuerpos retorcidos y caballos cargados que recuerda a la Batalla de Anghiari de Leonardo, su Tres de Mayo es aclamado como una de las grandes pinturas de todos los tiempos, e incluso ha sido llamado el primer moderno del mundo pintura.

    Detalle de la resistencia y tropas.
    Figura\(\PageIndex{3}\). Francisco Goya, Tercero de Mayo, 1808, 1814—15 (detalle)

    La muerte espera

    Vemos fila de soldados franceses encapuchados apuntando con sus armas a un hombre español, que extiende los brazos en sumisión tanto a los hombres como a su suerte. Un cerro campestre detrás de él toma el lugar del muro de un verdugo. Un montón de cadáveres yace a sus pies, derramando sangre. A su otro lado, una línea de rebeldes españoles se extiende sin cesar en el paisaje. Se cubren los ojos para evitar ver la muerte que saben que les espera. La ciudad y la civilización están muy por detrás de ellos. Hasta un monje, arqueado en oración, pronto estará entre los muertos.

    Detalle de los soldados franceses, de pie detrás de la linterna.
    Figura\(\PageIndex{4}\). Figura\(\PageIndex{3}\). Francisco Goya, Tercero de Mayo, 1808, 1814—15 (detalle)

    Iconografía cristiana transformadora

    La pintura de Goya ha sido elogiada por su brillante transformación de la iconografía cristiana y su conmovedora descripción de la inhumanidad del hombre hacia el hombre. La figura central del cuadro, que claramente es un pobre obrero, toma el lugar del Cristo Crucificado; se está sacrificando por el bien de su nación. El farol que se encuentra entre él y el pelotón de fusilamiento es la única fuente de luz en la pintura, e ilumina deslumbrantemente su cuerpo, bañándolo en lo que puede percibirse como luz espiritual. Su rostro expresivo, que muestra una emoción de angustia más triste que aterrorizada, se hace eco de la oración de Cristo en la cruz, “Perdónalos Padre, ellos no saben lo que hacen”. La inspección minuciosa de la mano derecha de la víctima también muestra estigmas, haciendo referencia a las marcas hechas en el cuerpo de Cristo durante la Crucifixión.

    Detalle de caras; la figura focal central
    Figura\(\PageIndex{5}\). Francisco Goya, Tercero de Mayo, 1808, 1814—15 (detalle)

    La pose del hombre no sólo lo equipara con Cristo, sino que también actúa como afirmación de su humanidad. Los soldados franceses, por el contrario, se vuelven mecánicos o parecidos a insectos. Se funden en una criatura sin rostro, de muchas patas, incapaz de sentir la emoción humana. Nada va a impedir que asesinen a este hombre. La profunda recesión al espacio parece implicar que este tipo de brutalidad nunca terminará, que es parte de la propia naturaleza humana.

    No heroísmo en batalla

    Esta representación de la guerra fue una desviación drástica de la convención. En el siglo XVIII el arte, la batalla y la muerte fueron un asunto sin sangre con poco impacto emocional. Incluso los grandes romanticistas franceses estaban más preocupados por producir un hermoso lienzo en la tradición de las pinturas de historia, mostrando al héroe en el acto heroico, que por crear impacto emocional. La pintura de Goya, por el contrario, nos presenta un antihéroe, imbuido de un verdadero patetismo que no se había visto desde, quizás, la antigua escultura romana de La Galia moribunda. La figura central de Goya no es perecer heroicamente en la batalla, sino ser asesinado a un costado de la carretera como un animal. Tanto el paisaje como el vestido de los hombres son anodinos, haciendo que la pintura sea atemporal. Es por ello que la obra sigue cargada emocionalmente hoy en día.

    Legado

    Los futuros artistas también admiraban El 3 de mayo de 1808, y tanto Manet como Picasso lo utilizaron como inspiración en sus propias representaciones de asesinatos políticos (La ejecución del emperador Maximilliano de Manet y la masacre de Picasso en Corea). Junto con Guernica de Picasso, el 3 de mayo de Goya sigue siendo una de las imágenes más escalofriantes jamás creadas de las atrocidades de la guerra, y es difícil imaginar lo mucho más poderosa que debió haber sido en la era prefotográfica, antes de que la gente fuera bombardeada con imágenes de guerra en los medios de comunicación. Una poderosa declaración antibélica, Goya no sólo está criticando a las naciones que se hacen la guerra unas a otras, sino que también nos está amonestando a nosotros, a los espectadores, por ser cómplices de actos de violencia, que ocurren no entre entidades abstractas como “países”, sino entre un ser humano parado a unos metros de otro.

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