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11.1: Introducción

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    Este capítulo se refiere a la percepción, susceptibilidad y ética del arte. Se explorará y analizará la responsabilidad moral de los artistas y sus derechos para representar y crear sin censura.

    La moral y el arte suelen estar conectados en el arte que provoca y perturba. Tal arte despierta las creencias personales, los valores y la moral del artista o espectador debido a lo que se representa. Las obras que parecen perseguir intencionadamente o comunicar fuertemente un mensaje pueden provocar que surjan controversias: controversias sobre los derechos de la libertad artística o sobre cómo la sociedad evalúa el arte. Ese juicio de obras creadas por artistas tiene que ver con el juicio de valor de la sociedad en un tiempo dado de la historia.

    La relación entre el artista y la sociedad está entrelazada y a veces en desacuerdo en lo que se refiere al arte y a la ética. Ninguno tiene que ser sacrificado por el otro, sin embargo, y ninguno necesita doblarse al otro para crear o transmitir el mensaje de la obra.

    El arte es subjetivo: será recibido o interpretado por diferentes personas de diversas maneras. Lo que puede ser poco ético para uno puede ser ético para otro. Debido a que el arte es subjetivo, es vulnerable al juicio ético. Es más vulnerable cuando la sociedad no tiene un contexto histórico o una comprensión del arte para apreciar el contenido o la estética de una obra. Esta falta no hace que el juicio ético sea incorrecto o irracional; demuestra que la apreciación del arte o los estilos cambia con el tiempo y que pueden llegar a apreciarse arte o estilos nuevos o diferentes. El gusto negativo general de la sociedad suele cambiar con más exposición. Aún así, el gusto sigue siendo subjetivo.

    La ética ha sido una consideración importante del público y de aquellos en el poder religioso o político a lo largo de la historia. Para muchos artistas hoy en día, la primera y mayor consideración no es la ética, sino la plataforma desde la que crear y entregar el mensaje a través de las cualidades formales y el medio. La consideración de la ética puede ser establecida por el artista pero sin impedimento de la libertad de expresión. Se espera que en una obra de arte las propias creencias, valores e ideología de un artista puedan contrastar con los valores sociales. Es el arte el que habla y agrega valor de calidad a lo que se comunica. Esto es lo que hace tan importante el poder de la libre expresión artística. El arte se juzga no por quien creó la obra o el personaje del artista, sino con base en los méritos de la obra misma.

    Sin embargo, a través de este diálogo visual existente entre artista y sociedad, debe haber algún entendimiento mutuo. La sociedad necesita entender que la libertad de expresión en las artes fomenta la grandeza, mientras que los artistas deben ser conscientes y abiertos a la disposición de la sociedad. Cuando el público valora el arte como una adición espiritual y física positiva a la sociedad, y el artista crea con intenciones éticas, existe una conexión entre espectador y creador. La representación de un artista de un tema no significa que el creador apruebe o desapruebe el tema que se presenta. El propósito del artista es expresar, independientemente de cómo se pueda interpretar el tema. Sin embargo, esta libertad de interpretación no significa que ni el artista ni la sociedad sean responsables de sus acciones.

    El arte y la ética, en este sentido, exigen que los artistas utilicen sus facultades intelectuales para crear una verdadera representación expresiva o transmitir sentido psicológico. Este tipo de arte exige una capacidad por parte del espectador para ser conmovido por muchos sentimientos del artista. Exige el poder del arte para penetrar las apariencias exteriores, y aprovechar y capturar pensamientos ocultos e in- terpretaciones de las emociones momentáneas o permanentes de una situación. Mientras los artistas crean, capturan imágenes visuales e interpretan para sus espectadores, también les están dando una medida infalible de las propias sensibilidades morales o éticas de los artistas.

    Los dilemas éticos no son infrecuentes en el mundo del arte y a menudo surgen de la percepción o interpretación del contenido o mensaje de la obra. Los temas provocativos de la espiritualidad, la sexualidad y la política pueden y pueden interpretarse de muchas maneras y provocar debates en cuanto a que no son éticos o sin moralidad. Por ejemplo, cuando el artista dadense Marcel Duchamp (1887-1968, Francia) creó Fountain en 1917, fue censurada y rechazada por conocedores contemporáneos de las artes y del público. (Fuente, Marcel Duchamp: http://www.sfmoma.org/explore/collection/ artwork/25853 #ixzz3mwCWDOxZ) Un urinario masculino girado de costado, Duchamp consideró que esta obra era uno de sus objetos Readymade, manufacturados que fueron convertidos o designados por él como arte. Hoy en día, Fountain es una de las obras más famosas de Duchamp y es ampliamente considerada un ícono del arte del siglo XX.

    Más recientemente, La Santa Virgen María de Chris Ofili (n. 1968, Inglaterra) conmocionó a los espectadores cuando se incluyó en la exposición Sensation 1997-2000 en Londres, Berlín y Nueva York. (La Santa Virgen María, Chris Ofili: www.khanacademy.org/humaniti... ly-virgin-mary) La imagen causó considerable indignación por parte de algunos miembros del público en todo el país, entre ellos el entonces alcalde de la ciudad de Nueva York Rudolph Giuliani. Con sus imágenes en collages de glúteos femeninos, pintura mezclada con purpurina y bolas aplicadas de estiércol de elefante, muchos consideraron que la pintura era blasfema. Ofili afirmó que no era su atención; quería reconocer tanto la belleza sagrada como laica, incluso sensual, de la Virgen María, y que el estiércol, en el país natal de sus padres, Nigeria, simbolizaba la fertilidad y el poder del elefante. Sin embargo, y probablemente desconociendo el significado del artista, la gente estaba indignada.

    Tradicionalmente, la estética en el arte se ha asociado con la belleza, el disfrute y la cautivación visual, intelectual y emocional del espectador. El arte escandaloso puede no ser hermoso, pero muy bien podría ser agradable y mantener cautivo a uno. El espectador es acogido y se siente atraído por algo que no es ni rutinario ni ordinario. Todas son consideradas como experiencias significativas que son distintivas de las Bellas Artes. El juicio estético va de la mano con la ética. Es parte del proceso de toma de decisiones que la gente usa cuando ve una obra de arte y decide si es “buena” o “mala”. El proceso de juicio estético es un modelo conceptual que describe cómo las personas deciden sobre la calidad de las obras de arte creadas y, para ellas individual o socialmente, toma una decisión ética sobre una determinada obra de arte.

    Como podemos ver, indudablemente el arte ha tenido el poder de conmocionar y, como fuente de provocación social, el arte seguirá conmocionando a los espectadores desprevenidos. El público seguirá sintiéndose escandalizado, perturbado u ofendido por el arte que es social, política y religiosamente desafiante. Ser considerado escandaloso o radical, como ya se ha observado, no quita la experiencia o la apre- ciación del arte, ni esas respuestas hablan de la ética o moralidad del artista. El arte puede, sin embargo, fallar en algunos ojos en ofrecer una experiencia estética. Tal fracaso también depende de la compleja relación entre el arte y el espectador, viviendo en un momento dado del tiempo.


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